Despues de un largo intermedio, debido sobre todo a la falta de tiempo libre, seguimos con la historia de la familia.
Ya estamos casi en la actualidad, y muchas de las cosas que ahora se cuentan resultarán conocidas porque ya hablamos de cosas vividas por cada uno, o que en todo caso habrá escuchado a sus padres.
A continuación, sigue la Historia.
Una de
las últimas imágenes de la Abuela María, antes de su defunción. Este cuadro se
halla en casa de su nieta, María Trinidad Pastrana Ruíz
Ø
CAPÍTULO
VI:
Ø
NUEVAMENTE
MADRID
Recién
casados, parten hacia Madrid, donde vive José con su madre, Edelmira, y su
hermana Palma. A los pocos meses de la boda, el 20 de Octubre de 1945, fallece Edelmira, a los 54 años, 10 meses y 17 días. Como hemos comentado previamente,
la Abuela María, madre de Ángeles, se estableció con ellos en 1948-1949,
falleciendo allí a los 3 meses de llegar a la capital, dado su estado de salud.
El
matrimonio establece su casa en el número 34
de la misma calle de Mantuano,
de donde ya no se moverá la familia hasta que en 1970-71 compren su casa familiar en el número 8 de la Calle de Mota
del Cuervo, en el barrio de Villa
Rosa, al final de la Carretera de
Canillas, gracias al préstamo que la Constructora
JOTSA, para la que trabajaba José, le hizo: le dio 600.000 Ptas. de la época (unos 3.600 Euros actuales) a José para que comprara el piso (que costaba
esa cantidad), y le iría descontando todos los meses de su nómina una parte porcentual.
Como
no encontraban un piso que les gustara, mamá contaba que mi padre estaba
dispuesto a devolver el crédito a la Empresa, por lo que mi madre estaba empezando
a desesperar. Mi madre contaba que, estando con Pin en Lopez de Hoyos para
hacer algo, supo de ese piso viendo un
anuncio en un autobús que pasaba por la calle López de Hoyos, corriendo a la
carrera hasta que lo anotó y convenció a mi padre para que fueran a verlo.
Cierto
es que, antes de ir mi padre con ella, fue ella al piso piloto, y como la gustó
lo que vio, fue con mi padre, pero haciéndose la sorprendida cuando fueron los
dos, como si fuera la primera vez que iba y nunca hubiera estado allí antes.
Portal de la casa de Mantuano 34. En el Tercero Interior
Izquierda nacimos todos y vivimos durante años.
Canillas
y Villa Rosa, en aquel entonces,
estaba rodeada de trigales por todas partes hasta donde se perdía la vista, y
fue en Canillas, en sus campos de trigo y en otras localizaciones, donde se filmó la película “Doctor Zhivago”, y cuya única
carretera de acceso, la Carretera de
Canillas, era llamada “Carretera de
Canillas, 200 baches por milla”, por el elevado número de baches (más de
200) que tenía, y que ocasionaba que muchos taxis no se atrevieran a subir por
ella por temor a quedarse sin bajos en el coche.
Localización de los exteriores de la
película “Doctor Zhivago”. En este
lugar se rodaron las escenas que se desarrollan en Moscú.
Todos
los años, en Reyes, JOTSA realizaba un acto para sus empleados y sus hijos, que
consistía en que se alquilaba el entonces Cine
Salamanca, que se encontraba en el
Nº 8 de la calle Conde de Peñalver, esquina con la calle Hermosilla, en el
Barrio de Salamanca (siendo actualmente una de las tiendas principales de
la cadena de moda C&A), de donde tomó el
nombre, con actuaciones, payasos, etc., y al final, los Reyes Magos anunciaban
que habían dejado en el Hall los juguetes a todos y cada uno de los hijos e hijas de los
empleados menores de 12 años.
Con
tiempo, JOTSA daba unos vales para ir a determinadas jugueterías para que los
empleados que tuvieran hijos menores de 12 años pudieran reservarlos a nombre
de cada niño o niña, y luego, se les hacía entrega a cada niñ@ de sus juguetes
en dicho acto.
Y
en verano, JOTSA organizaba unas Colonias
de Verano para l@s hij@s de sus empleados,
que sería la única oportunidad que unos niñ@s de la época, y de nuestra
extracción social, podrían tener de salir de su casa y veranear.
En los años 60 del siglo XX,
era costumbre que, cuando en una familia había un bautizo, los padrinos
recogieran al bebé en el domicilio de los padres. La madre se quedaba en casa,
sin que pudiera asistir al bautizo de su hij@. Una vez realizada la ceremonia,
los padrinos volvían a la casa y, por lo menos en mi familia que yo recuerde,
la madrina entregaba el bebé, ya bautizado, a la madre, diciendo estas frases: “Moro me lo entregaste, y te lo devuelvo
cristiano”. Después, ya todos juntos, iban a algún sitio todos a celebrar
el bautizo, cada familia de acuerdo con sus posibilidades económicas. Nosotros,
este tipo de celebraciones solíamos hacerlos en los Kioscos de bebidas que se
encontraban en la Plaza Moré, dado que los alrededores eran descampados y los
niños podíamos correr por allí todo lo que nos diera la gana sin peligro
alguno, y nuestros padres nos tenían vigilados con solamente echar una ojeada.
Recuerdo
que, cuando el tio Juan y la tía Rafaela se vinieron a Madrid con toda la
familia, mientras se encontraba casa para ellos, todos vivieron en mi casa. La
casa de Mantuano no superaba los 50 m2, por lo que había colchones hasta detrás
de la puerta. Si hubiera habido un incendio, no habríamos salido vivos
ninguno…Según me cuenta Trini, el tio Juan y la tía Rafaela encontraron un
sitio donde vivir, en una casa que estaba muy bien, y que consistía en dos
habitaciones con derecho a cocina. Como les gustó, dieron la fianza y el mes
adelantado…y nunca la ocuparon pues se descubrió que esa casa era una casa de
citas muy conocida en el barrio, con mucho ajetreo de hombres y mujeres
entrando y saliendo…, y claro, eso no podía ser…
En esa época, durante el verano, era costumbre que, después de
cenar, las vecinos y vecinos de Mantuano 34, cogían una silla y se bajaban a la
puerta del edificio, para pasar la noche
de verano “a la fresca”, mientras las mujeres hablaban un poco de todo y
los niños jugábamos en medio de la calle a La
Pídola o Dola, al Escondite Inglés,
El Avión…
Como curiosidad, recuerdo que, una de esas noches (yo tendría
como mucho 7 u 8 años) yo tenía ganas de orinar, y se lo dije a mi madre, y
ella me dijo que me sacara el pito a través de la bragueta del pantalón y
orinara en la calle hacia la carretera, y así lo hice.
En esto, que se me acerca una niña (hija de alguna vecina) y,
curiosa, empieza a mirarme el pene y me pregunta que qué es eso (señalando el
pene que entonces yo tenia sacado pues estaba orinando). Ni corto ni perezoso,
le respondo que esa era la cola, y que servía para orinar, y que ella debía
tener una igual. Y me responde que no, que ella no tenía colita para orinar, si
no una rajita. Mi sorpresa fue grande, pues yo ignoraba algo tan aparentemente
básico. Aunque claro, en una familia toda de hombres, pues eso era casi lo
normal… Preguntada mi madre por esa diferencia (que las mujeres no tenían pito,
si no una rajita), mi madre se fue por los cerros de Úbeda, diciéndome que a
todas las mujeres, cuando nacían, las cortaban la cola y las hacían un hachazo
entre las piernas…
Cuando empecé a entrar en la adolescencia, mi madre nos advertía
respecto a las relaciones sexuales de una manera un tanto peculiar, pues no
quería ser abuela antes de tiempo, pero tampoco nos hablaba de sexo, pues tanto
a ella como a mi padre les daba vergüenza hablarnos a sus hijos de esos temas:
recuerdo que mi madre me decía “hijo
mío, ten cuidado que las mujeres son todas unas lagartas”. Tanto y tanto me
lo dijo, que un día yo le dije. “Mamá,
¿tú eres una lagarta?”. Ella, con una cara muy ofendida, me preguntó que
por qué le preguntaba yo eso, a lo que le respondí que, como siempre me decía
ella que todas las mujeres eran unas lagartas, y ella era una mujer, pues que
debía ser también una lagarta. A lo que mi madre, con un desparpajo que me dejó
cortado, me respondió: “hijo, yo no soy
una mujer: yo soy tu madre”. Y aprendí que hay hombres, mujeres…y madres, y que
las madres no tienen sexo. Curiosamente, todas las mujeres que han sido
madres, a las que he contado esta anécdota, después de reírse con ganas me han
dicho luego, perfectamente en serio, que, en efecto, mi madre tenía razón al
decir eso.
Como
elemento descriptivo de cómo eran algunos de los juegos antes mencionados,
copio el artículo de Angel Alda en su
interesante blog “El Ángel de Olavide” “Juegos
de un niño de barrio del Madrid de 1955 a 1965″ (por Ángel de Olavide)
“Éramos
los primeros niños con una dieta razonable, pocos años hace que ha desaparecido
la cartilla de racionamiento. Nos daban leche en los colegios. Leche que
mandaban los americanos. Recuerdo unas botellitas con la boca ancha cubierta
con aluminio. El Vitacal, un
sucedáneo de chocolate que contenía calcio, que permitía el escatológico lema
aquel de “chaval toma Vitacal que el
culo te huele mal” formaba parte de la dieta callejera de entonces; era
junto con los caramelos Saci, el
paloluz y los polos de agua las chuches de entonces. También fuimos los
primeros niños que tomábamos yogures de la marca Danone por supuesto. Y hasta
jamón de york. Pero en cuanto a juegos me temo que éramos absolutamente
dependientes de la creatividad de las escuchimizadas generaciones anteriores”.
“Los
niños del barrio de la Prosperidad de aquellos años era difícil que fuesen
propietarios de una bici. Si acaso un triciclo. Canicas, peonzas, camiones o coches
de lata.
Si
nuestros padres o hermanos mayores jugaban al pídola, nosotros lo hacíamos al
dola. El dola era
posiblemente el juego deportivo mas practicado en aquellos años. Un chico hacía
de burro y por encima de su cuerpo doblado saltaban los demás practicando toda
suerte de golpes siguiendo las instrucciones de la “madre”. El lique, la taba,
el doble lique, la culada, etc. Eran golpes con el pie en el trasero del burro
o caídas sobre el cuerpo del pobre burro. Según se alargaba el juego el salto sobre
el burro había que practicarlo desde mas lejos lo que provocaba que de salto en
salto cada vez hubiera mas burros que saltadores. Había algunas variantes. A
veces los burros se fijaban sobre la pared y el ejercicio consistía en
acumularse saltadores uno encima del otro. Otras veces el salto había que
practicarlo sobre un grupo de burros mas o menos largo. Recuerdo algún pareado
con el que se acompañaba el juego. A la una anda la mula, a las dos anda el
reloj, a las cuatro salto, a las cinco brinco…y así.
Si
el dola era un juego practicado en exclusiva por los varones, tengan ustedes en
cuenta que los colegios de entonces no eran mixtos, existía un juego que se
practicaba por niños y niñas. Era el
juego del pañuelo. Los equipos se formaban por jefes de fila que
elegían por turno, previamente definido por el viejo procedimiento de echar
pasos, aquello de oro, plata, monta y cabe. En el centro un niño mantenía un
pañuelo en el brazo extendido. Desde cada uno de los lados y a una distancia de
unos veinte metros mas o menos, saltaban los competidores de turno. El asunto
consistía en arrebatar el pañuelo y llevárselo a tu campo sin que el adversario
pudiera tocarte. No solo era cuestión de velocidad. También de la picardía de
amagar y provocar que el contrario entrara en tu campo sin que tu hubieras
tomado el pañuelo, cosa que descalificaba.
El
“tú la ligas” era una versión
de los antiguos juegos de alcance y contacto. La cosa consistía en evitar que
nadie te tocase antes de llegar a tu refugio. Si eras alcanzado te convertías
en cazador. No tiene mucho que explicar. Creo que en versiones mas o menos
brutas sigue siendo practicado por niños de todos los países y todas las
edades.
Los cromos. Creo que fuimos la primera
generación en coleccionar cromos. De futbolistas, de ciclistas, poco mas. Pero
no solo la cosa consistía en coleccionar las estampas. También en ganarlas por
el procedimiento de levantarlas con el vuelo de la mano y ser capaces de darlos
la vuelta. El golpe de la mano en el suelo, la concavidad que eras capaz de
formar, el efecto que lograbas determinaba que fueses capaz de mejorar tu
colección o de perderla. Por supuesto que existía el intercambio de cromos, en
los patios de los colegios, en la calle, en cualquier sitio y lugar. Era como
jugar a la bolsa, un bahamontes podía costar tres timoneres, un puskas cuatro
Vavás.
La peonza. Echarlas a rodar. Recogerlas con la
mano. Pintarlas de colores. Caparlas. Mojar la cuerda. Enhebrar la cuerda en
las monedas de real para formar el tope. ¿O tengo que dar mas detalles?
Las
chapas.
Complejo juego que consistía en montar circuitos en la arena o en el pavimento,
con sus cunetas de tierra o señales de tiza, sus puertos, curvas y rectas de
meta. Había que prepararse las chapas. Tenían que ser planas, bien pulidas en
el granito de los alcorques. En el fondo se colocaban recortadas fotos de los
ciclistas del momento o banderas nacionales. Luego una tapa de cristal bien
troquelada y un fino cerco de masilla para sellarlas. Por supuesto que tenías
que tener habilidades digitales- de las de antes de los ordenadores por
supuesto- y capacidades de lograr efectos para superar las curvas mejor que tus
competidores. O sea, que tenías que reunir las facultades de un ingeniero de
caminos, canales y puertos mas las de hábil diseñador y un eficaz juego de
muñecas y de dedos. Era el juego rey del bulevar de General Mola, hoy Príncipe
de Vergara. Una versión menos común consistía en simular partidos de futbol. En
ese caso las chapas llevaban fotos de futbolistas.

Niños de La Prospe jugando al Guá.
Foto sacada del Blog “El Ängel de Olavide”.
Las
canicas y el guá.
Todo consistía en meter la bola en un agujero- el guá- y desde allí poder tocar
otras bolas y volver al guá. Había bolas de barro, de cristal y de acero. En el
juego se ganaban o se perdían bolas. No recuerdo el valor de cada bola, creo
que las de acero valían tres veces mas que las de barro. A ver si algún colega
de aquella generación se acuerda.
El clavo. En épocas de lluvias se jugaba
sobre el suelo húmedo a clavar sobre espacios previamente dibujados un clavo,
destornillador o lima sobre el suelo. El juego consistía en ir ocupando
cuadros. El juego tenia sus peligros y aun recuerdo como a un niño de la
Colonia del Pilar le sacaron un ojo un aciago día. Mucho mas peligroso que
todos los juegos de armas virtuales actuales.
Creo
que algún niño jugaba al aro.
Pero aquello de los aros nos parecía cosa de niños un tanto cursis. Puede que
viese por entonces algún yo-yo y por supuesto diábolos. También se practicaban malabares con las pelotas
de goma que te regalaban en Segarra al comprar zapatos. Parece que perroflautas
han existido en todas las épocas. El circo no goes to the town. Esto de los
circos ambulantes era mas bien cosa de los pueblos o de las ciudades pequeñas.
A Madrid solo llegaban compañías como el Circo Ruso o el Americano y te tenían
que llevar al circo. No recuerdo cabalgatas circenses por el barrio. Si acaso
algún grupo de gitanos con la cabra y la trompeta. Deplorable espectáculo.
La taba. También se jugaba a la taba. No
soy capaz de recordar como se llamaban las cuatro posturas del juego ni la
jerarquía que tenían. Si creo que a la taba jugaban los niños mas golfos. Los
que sin duda años mas tarde dedicarían buena parte de sus ingresos a los dados
y a las cartas.
Policías y ladrones. El rey de la
montaña.
Juegos que aprovechaban la topografía urbana de aquellos años. Solares
gigantescos sobre lo que después sería la prolongación de General Mola desde
Francisco Silvela hasta la actual Plaza de Cataluña. Vaquerías abandonadas.
Refugios antiaéreos de la guerra civil todavía sin clausurar. Los diversos
juegos del escondite.
Y
por supuesto los juegos náuticos. Por aquel barrio pasaba en superficie el
famoso Canalillo. Y “la manga riega que
aquí no llega”. No creo que necesite dar muchas explicaciones. O si?
Una curiosidad de aquel barrio y de
aquellos años. Por los años 53, 54 y 55 llegaron los americanos de EEUU a
Madrid. Una de las casas que se levantaron entonces, justo en la esquina de
Príncipe de Vergara, antes Mola, con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a
personal de la base de Torrejón. Debía de ser antes de que esas personas se
mudasen al Encinar de los Reyes donde construyeron una especie de réplica de
los típicos barrios de chalets americanos con sus jardincillos sin
cerramientos. El caso es que con la proverbial simpatía de los sobrinos del Tío
Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al béisbol. Regalaban
camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal herramienta entre
nuestras manos. Picher y cacher eran palabras normales en nuestro diario
acontecer. Creo que durante unos meses jugabamos mas al beisbol que al futbol.”
(Blog de Angel Alda, El
Angel de Olavide)
Con el paso de los años,
uno entiende que, desde el principio, siempre tuve una orientación sexual
diferente a la mayoría de las personas de mi entorno, que siempre supe que era
homosexual, y que lo que yo sentía en aquel entonces por mi amigo Toñin no era
amistad: era amor. Pero claro, en aquel entonces, con la ignorancia que, en
estos y muchos temas, había respecto a todo lo que tuviera que ver con el sexo,
pues que confundiera el amor con la amistad, era lo más normal.
Mi
prima Trini, en nuestras conversaciones, me recuerda que, viviendo ella con
nosotros en La Prospe, yo me ponía los cancanes de ella recién planchados y
almidonados. Para que nos hagamos una idea de cómo era la moda en mi infancia,
y la putada que yo le hacía a Trini haciendo eso, es bueno que leamos lo que la
periodista María Fernández, en
la página web “DiarioFemenino.com” cuenta lo siguiente respecto a la moda
femenina de la época:
La
década de los años 40 marcada por guerras y revoluciones sociales da paso a una
época más jovial en la que adquiere muchísima importancia la imagen. Las
mujeres comienzan a preocuparse mucho por su aspecto dentro y fuera de casa. La
idea de una ama de casa perfectamente maquillada y peinada, se convierte en
habitual.
Lejos
de buscar la naturalidad, el look de los años 50 trata de demostrar la mujer se
ha preparado a conciencia. Los peinados son muchas veces postizos, otras veces
melenas onduladas y rubias platino imitando el estilo de Marilyn Monroe; la
laca se convierte en una herramienta fundamental para cualquier mujer.
Imagen de un cancán o enagua. Se llevaba debajo de la falda, y solía llegar
a media pierna. Su finalidad era dar vuelo al tipo de falda que llevaban las
mujeres de la época, y había que almidonarlo entero, lo cual era bastante
trabajoso. Y esto era lo que Trini almidonaba y planchaba…y lo que yo me ponía.
El
maquillaje es igualmente artificial: sombras de colores llamativos, labios
naranjas y una moda un tanto peculiar que marcaba que la sombra de ojos debía
combinar con la cartera o bolso. Triunfan los vestidos tipo avispa que marcan
mucho la cintura de la mujer y se abren en la parte inferior con faldas de
mucho vuelo, hasta la rodilla.
Los
complementos naif adquieren un papel importante: son prácticamente
imprescindibles los guantes, los cinturones anchos, las joyas y los tacones.
Los colores pastel tiñen una moda en la que irrumpe con fuerza el denominado
'New Look' de Christian Dior con su clásico traje de chaqueta y falda pegada.
También Chanel marca tendencia en los 50 con su chaqueta ribeteada y sus bolsos
con cadenas.
La moda de los años 50, de la que
aún beben muchos diseñadores, supo potenciar el glamour y realzar la feminidad
de la mujer con algunas pero no excesivas notas de artificialidad.
Este es el tipo de faldas que
estaban de moda, en las mujeres, cuando yo era pequeño. La foto en que aparecen
las dos modelos son el tipo de faldas en que eran necesarios los cancanes.
Como
ejemplo de la moda imperante en la época, no solamente en España, si no en el
mundo, he aquí el ejemplo de la portada de esta revista australiana:
Yo
mismo recuerdo que, cuando era pequeño, tenía una cabeza de una muñeca a la que
me dedicaba a peinar con los estilos de moño alto que se llevaban entonces, y
que cuando me preguntaban que qué quería ser de mayor, yo decía que peluquero. Como
ejemplo del tipo de moño que yo hacía (y que creo que no hacía mal), y que
estaba de moda entonces en España (llamado Recogido Italiano), pongo este
ejemplo:
Era
un tipo de moño elegante, fácil de hacer, que requería poco tiempo…y horquillas
largas a granel para mantenerlo todo sin moverse, como podemos ver. Luego, un
poco de laca…y listo. Media hora para todo, más o menos.
Por
los años 53,54 y 55 y comienzos de los 60 se empezaron a introducir en España
las nuevas tendencias tanto en la moda masculina como en la música, coincidiendo
con la llegada de los americanos. Una de las casas que se
levantaron entonces, justo en la esquina de Príncipe de Vergara, antes Mola,
con la calle Pedro de Valdivia, alojaba a personal de la base de Torrejón.
Debía de ser antes de que esas personas se mudasen al Encinar de los Reyes
donde construyeron una especie de réplica de los típicos barrios de chalets
americanos con sus jardincillos sin cerramientos. (El caso es que con la proverbial simpatía de
los sobrinos del Tío Sam lograron que los niños del barrio nos aficionásemos al
béisbol. Regalaban camisetas y gorras y los bates de béisbol se hicieron normal
herramienta entre nuestras manos. “Pitcher”
y “cátcher” eran palabras normales
en nuestro diario acontecer. Creo que durante unos meses jugábamos más al
beisbol que al futbol, como ya pongo en otro lado), se introduce en España un
novedoso modelo de ropa interior para hombre que estaría llamado a ser un
completo éxito hasta el día de hoy: EL SLIP, una prenda que
rápidamente hizo furor entre los hombres, dada la comodidad que proporcionaba.
A continuación vemos imágenes publicitarias de la época:

El color de los slips era blanco,
sin concesiones al color o al diseño, pues lo que se buscaba era la practicidad
y la comodidad. Colores diferentes al blanco, dibujos o diseños en los slips
eran algo inimaginable…y que sería tachado de poco masculino.
Podemos, además, observar que
cubrían mucho más allá del ombligo. Nada que ver con los actuales, de talle
infinitamente más bajos, y más ajustados.
Además,
la segunda imagen nos sirve para introducir el baile de moda en mi infancia:
EL TWIST. Para introducirlo, recuerdo un lema propagandístico que
decía: “MÁS ALLÁ DEL ROCK AND ROLL:
¡¡EL TWIST!!”
El
Twist fue un baile, basado en un rock and roll muy simplificado y con
connotaciones tribales, muy popular a comienzos de la década de 1960, llamado
así a partir de la canción que lo originó: The Twist.
Si bien los años 50 e incluso los 60 no supusieron la muerte del
swing, los clubes de la época fueron testigos de otras nuevas formas de baile
que comenzaron a popularizarse entre los animados bailarines que cambiaron
también las formas de reunirse para bailar… Ahora ya no estaban sólo las
grandes salas de fiestas con bandas de jazz en directo, sino que la llegada de
los tocadiscos a las vidas de la gente dio inicio a una nueva era: la de las
sesiones de baile en casa. Los jóvenes de los locos años 60 se reunían en sus
casas de alegres colores para compartir risas y buenos momentos mientras movían
sus pies al ritmo del mejor pop y rock n’ roll… ¡Había llegado el Twist.
¿Y en qué consistía el Twist? Pues básicamente en mover primero
un pie para un lado y el otro para el contrario, ayudándose del cuerpo para
seguir el ritmo de las canciones… puede parecer fácil pero la cosa tenía su
aquel, y algunos más que el twist parecía que tenían el baile de San Vito. Por
eso, para ayudar a los bailarines inexpertos se crearon todo tipo de guías con
prácticos esquemas de cómo mover los pies Y así, todos pudieron bailar esta
danza tan alegre y pop que no entendía de razas ni edades y donde por primera
vez las parejas no se tocaban mientras bailaban.
A
pesar de todo, en el Twist también había jerarquías… y la corona de rey la
ostentaba un hombre de color, cuyos movimientos no tenían nada que envidiar a
los de sus compatriotas del Savoy, aunque los estilos de baile fuesen
diferentes. El Rey del Twist no fue otro que Chubby Chercker, que hizo bailar a
millones de personas en todo el mundo.
Chuby Checker, el Rey del Twist a
nivel mundial.
La
primera vez que ví un chicle (los americanos se establecieron en España poco
antes de nacer yo, y muchos se establecieron cerca de La Prospe), cuando
pregunté qué era, no recuerdo si fueron mis hermanos mayores, u otros niños
amigos, me dijeron que eran mocos de viejo…claro, que cuando pregunté que era
la cerveza alguien me dijo que eran meados…debe ser por eso que nunca fui muy
cervecero…Y ya que hablamos de recuerdos, la primera vez que pregunté qué era
la lluvia, mis amigos me dijeron que eran los angelitos que hacían pis. Y la
verdad, por muy angelical que ese pis fuera, pues a mi me parecía que los
angelitos eran unos guarros meándonos a troche y moche cuando les daba la
gana…debe ser por eso que la lluvia me gusta poco, y por eso en la película “Bailando
bajo la lluvia” (una de las mejores películas del cine musical jamás
rodadas) en aquel momento nunca entendí lo bien que lo pasaba Fred Astaire con
la que de lluvia que le caía, encima estar tan feliz. Desde la perspectiva de
un niño de unos escasos 6-8 años, a Fred Astaire le gustaba que le mearan los
angelitos…
Fue gracias a mamá que tuvimos
televisión en casa: fuimos la segunda familia de todo el edificio en tenerla
(concretamente, de la marca “Enodyne”),
y uno de los pocos en todo el barrio, y eso que nosotros éramos un cerro de
gente…La cosa fue de la siguiente manera:
Mamá
fue a KAPY (ahora "Tejidos Don Pepe"), una tienda de
electrodomésticos de López de Hoyos 124, al lado de la Óptica "Perlux" en el mismo edifico (ahora es una tienda llamada "Aura"), enfrente de la Farmacia Cantón de Lopez de
Hoyos esquina Mantuano, se informó, y convenció al vendedor para que, en una
determinada fecha, vinieran a casa a traer la tele, y que a los 15 días vendría
mi padre a firmar las letras (expliquemos que, en aquel entonces, para que
hubiera televisores en las casas, esas promociones eran usuales). A los pocos
días, venía un técnico en una moto Vespa
para instalarnos la antena y sintonizar la tele. Cuando mi padre vino a casa, y
se vio con la tele ya instalada, se llevó las manos a la cabeza, y dijo a mi
madre que si no estábamos para gastos, que eso era un lujo para ricos…etc. Mamá
le respondió que estaba de prueba durante 15 días, y que si no nos gustaba pues
se la llevaban, y punto. El caso es que, a pesar de las protestas, nos
reuníamos toda la familia alrededor de la tele a la hora de la cena, y hasta
algunas vecinas venían a casa a ver la tele. Claro, una cosa que a mi padre le
encantaba era ver los partidos de futbol en casita, con algunos amigos y vecinos.
En
esto una vez pasados 10 días, cuando se acercaba una final de futbol entre el
Real Madrid y otro equipo de campanillas, cuando mi padre ya se las prometía
tan contentos, va mi madre y le dice que ha venido el técnico antes de tiempo,
diciendo que tiene una familia interesada en la tele, y que vendría a recoger
la tele para llevársela a esa familia justo el día antes del famoso encuentro.
Mi padre se echó a los demonios, porque se perdía el famoso partido, pero mi
madre fue inflexible. Al día siguiente, mi padre y mi madre fueron juntos a la
tienda, y mi padre firmó todas las letras de la tele que le pusieron por
delante. Y pudo mi padre ver el encuentro del siglo tranquilo, y nosotros ver
la tele. Lo que le contó mi padre a mi madre respecto a la visita del técnico
para llevarse la tele era mentira, pero mi padre picó como un inocente, y firmó
todas las letras posibles del abecedario y alguna más.
Otra
curiosidad que tiene que ver con la tele, es que mi padre instaló la tele en el
salón, a la misma altura que en los bares: pegada al techo. Ante la protesta de
mi madre, y que no le hacía mi padre caso, mi madre nos dijo a todos que nos fuéramos
a la cama…y así hicimos todos: irnos a la cama a la vez que mamá, dejando a
papá sólo viendo la tela. Al día siguiente, la estantería de la tele estaba
puesta a una altura que le gustara a mi madre.
Ya
instalado el nuevo matrimonio en Madrid, van llegando los hijos. La abuela
María, madre de Ángeles, instalada en Madrid con su hija fallece a las pocas
semanas de llegar allí. Solamente conoció a sus dos primeros nietos por parte
de su hija Ángeles: José Francisco y
Miguel Ángel. Palma, ya casada con Rafael
Badaya, va poniendo nombre a los hijos del matrimonio que van viniendo al
mundo:
Ya estamos todos: Foto de familia en la casa de Mantuano 34.
Al fondo, la primera televisión que tuvimos, de la marca
“Enodyne”
·En primer lugar, nace José
Francisco, en 1946, conocido desde siempre en familia como Pin El apelativo PIN es un diminutivo
de José en su versión asturiana: José-Pepín-Pin. José por parte de su padre, y Francisco
por parte del hermano de papá fallecido por la tuberculosis, y el padre y el hermano
de mamá, Francisco también ambos.
·
Miguel
Ángel: nace en 1948. Miguel por
parte de Miguel, hermano de mamá, y Ángel por ella. Fallece en Madrid el 13 de Abril de 2010.
·
Tomás:
nace en 1953. Se elige ese nombre en recuerdo del Abuelo Tomás. Con
posterioridad, cambia su nombre por motivos religiosos, y pasa a llamarse
legalmente, Enós-Tomás Pastrana y Delgado, autor de este Libro de
Memorias Familiares.
·
Juan
Carlos: nace en 1956. Juan en recuerdo de Juan De la Cruz, el hermano mayor de
papá que murió en la infancia, y de Juan
Luis, hermano de mamá, y Carlos
en recuerdo Carlos Castejón, el
marido de la tía Pilar fusilado por los franquistas en las paredes del
Cementerio de la Almudena.
·
Rafael:
nace en 1958. Puesto por mamá en agradecimiento a Rafael Badaya, esposo de la tía Palma, y persona que siempre estuvo
al lado de la familia con discreción, pero con firmeza, y quien fue siempre el
fotógrafo oficial en todos los eventos familiares que tuvieran lugar.
·
Luis
Fernando: nace en 1963. Luis
por la sobrina materna, María Luisa Pastrana, y Fernando por un médico a quien la tía Palma tenía en muy alta
consideración y afecto.
·Al final, nace en 1964, María
del Carmen Gema, Mamen en familia. El nombre fue uno de los pocos que mamá
puso a sus hijos, pues así se lo había prometido a la Virgen del Carmen y a Santa
Gema si tenía una hija. Y como nació la niña, pues se puso ese nombre. Ojo,
que mamá le dijo a la Virgen que si tenía otro varón, no lo iba a llamar
Carmelo, porque era un nombre de hombre muy feo. Luego, cientos de veces mi
hermana Mamen le dijo a mamá que a ella le hubiera gustado que le pusiera su
mismo nombre, María de los Ángeles…
Ojo,
que mamá siempre tuvo un nombre preparado para cada uno de sus hijos, pero los
nombres que proponía Palma solían ser más bonitos que los que ella tenía in
mente, y así la hacía feliz.
Mientras,
Palma va teniendo también sus hijos
con Rafael Badaya: primero nace María Teresa, luego María del Pilar, y luego María Jesús. Evidentemente, María Pilar
por su hermana fallecida trágicamente, y María Jesús por su madre, Edelmira.
Mientras
tanto, la familia de Jeréz no se queda
tampoco atrás. Los hermanos de mamá se van casando, y la familia se va
ampliando:
Francisco
se casa con Ana Rubio, y nacen de
ese matrimonio:
·
Antonio
·
Margarita
·
Francisco
de Asís
·
María
Isabel
Juan Luis
se casa con Rafaela Ruiz, y nacen de
este matrimonio:
·
María
de la Trinidad
·
María
Luisa
·
Juan
Luis
·
Carmen
·
Francisco
·
María
Rafaela (coloquialmente, Falina)
Miguel
se casa con Juana Pérez Mariscal, y
nacen de este matrimonio:
·
Francisco
·
José
Miguel
·
Juan
Carlos
·
María
de los Ángeles (Kitita)
·
Ana
María (Nenuca)
José de Calasanz Delgado Álvarez
fallece un 9 de Agosto de 1981, a
los 61 años de edad, víctima también de un tipo de cáncer de pulmón que se
llama Mesenterio Cerebral y Neoplasia Pulmonar, con metástasis en todo el
cuerpo. Cuando se descubrió, ya era inoperable. Un cáncer se llevó a su padre,
y un cáncer se lo llevó a él, siendo la segunda vez que asoma esta enfermedad
su cara dentro de la familia, de la misma manera que volvería a aparecer en la
familia, llevándose a Miguel Ángel, hijo de José y nieto de Tomás. Ninguno de
ellos cumplió los 65 años.
Esta
ha sido la historia de cuatro generaciones de nuestra familia, desde 1849,
cuando hemos encontrado los primeros datos de los que tenemos noticia fidedigna,
hasta el día de hoy. A partir de este punto, nuestra historia es una historia
conocida por tod@s nosotr@s.
Espero
que esta historia nos ayude a conocernos mejor, a que las cosas positivas que
tenemos no se pierdan, y aprendamos todos de los errores propios y ajenos,
tantos nuestros como de nuestros antecesores, y nos sintamos orgullosos de
nuestra pequeña historia.
Por
descontado, la investigación histórica sigue, y es muy posible que vayamos
ampliando datos, historias, anécdotas, de unos y de otros de los miembros de
nuestra familia que ya no están, y con seguridad nos vamos a seguir llevando
más de una sorpresa. Los tataranietos de la generación con la que dimos
comienzo nuestra historia son ya abuelos, con nietos muchos de ellos en la
adolescencia.
A veces, todos hemos oído la expresión de “Este
niñ@ no sé a quien sale: a sus padres o abuelos, desde luego, no”. Quizá
este librito ayude a dar una idea en ese sentido…
Este
humilde libro de memorias no pretende ser un cánon de la historia de nuestra familia:
es solamente un punto de partida, y un elemento a compartir con las
generaciones más jóvenes. Sin embargo, está hecho lo mejor que he podido, y con
todo mi cariño, tanto a quienes no están ya con nosotr@s, como a quienes sí lo
estamos y podemos leerlo.