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viernes, 22 de junio de 2012

RECUERDOS DE UN NIÑO DE LA PROSPE


Como ya he dicho alguna vez, yo soy un niño de La Prospe, y durante mis primeros 20 años de vida, allí viví: desde 1953, hasta 1973, y me moriré siendo un chico de La Prospe, viva donde viva. Porque La Prospe no es un barrio cualquiera: imprime carácter haber nacido allí.
Recuerdo que cantábamos un homno, con la música de lo que luego supe era el himno americano "Stars and Stripes", que decía así:
"Somos del Barrio La Prospe
Los que más, los que más nos divertimos,
Y cuando vamos andando
hasta sangre escupimos..."
Y luego se volvía a repetir el estribillo una segunda y final vez.
Recuerdo que mis amigos eran dos niños del número 25 de Mantuano, (que entonces tenia solamente el bajo y el primero, y luego construyeron la segunda planta)Toñin y Miguel Angel Andreu. Con ellos jugábamos al Rey de la Montaña, en la esquina de Suero de Quiñones con García Luna, donde ahora se encuentra el Auditorio Nacional, que había un lugar en el que vendían tejas y similares. Y, en cualquier parte, jugábamos a la peonza.
Recuerdo que los veranos, después de cenar, todos los vecinos de Mantuano 34 bajábamos una silla a la puerta del portal, y allí, a la fresca de la noche, los vecinos charlaban de  todo lo divino y lo humano, mientras los niños jugábamos en medio de la calle Mantuano a lo que nos daba la gana, porque lo que es tráfico, no había ninguno...Una de esas noches, recuerdo que tenía ganas de mear, y le dije a mi madre que me acompañara a casa a mear (yo debía tener unos 5-6 años). Como debía estar muy a gusto, me abrió la bragueta, y me dijo que me sacara el pito y meara hacia la calle. Mientras meaba, una niña del edificio de enfrente se detuvo a mirarme el pito mientras meaba, y me preguntó que qué era eso, a lo que yo respondí que era el pito, y que servía para mear, y que todo el mundo tenía uno (mi madre era la única mujer en mi familia...), a lo que ella me dijo que ella no, que ella ahí tenía una rajita. Me quedé con la respuesta y, en cuanto pude, le conté a mi madre lo que me había pasado con esa niña. A lo que ella, que no debía querer dar demasiadas explicaciones, me dijo que es que, a las mujeres, cuando nacían, les cortaban el pito y les daban un hachazo entre las piernas...y se quedó tan fresca.
Recuerdo una vez en que, donde ahora se halla el parking del Auditorio Nacional, entonces era un descampado, y el tramo de Príncipe de Vergara entre Lopez de Hoyos y la Plaza de Cataluña solamente tenía puestos los bordillos y los árboles, y el resto era campo. En ese descampado jugábamos al fútbol. En los fondos, con dos piedras de pedernal, se fijaban las porterías. Al fondo de una de ellas había una pedrera con piedras de pedernal, algunas afiladas como cuchillas. Una de las veces me pusieron de portero, y me dieron tal balonazo en la cara que me echaron un par de metros para atrás...a pocos centímetros de la pedrera, y de abrirme la cabeza...quizá desde entonces me di cuenta que el fútbol no era para mi...
Aunque también recuerdo que los chicos de La Prospe, de vez en cuando, echábamos pedreas con los chicos de la Colonia de La Cruz del Rayo. Alguna vez al que le dieron con una piedra en la cabeza fue a mi...con el lógico susto, y corriendo a todo correr a la Casa de Socorro de Buenavista (como entonces se llamaba el Distrito, pues hacía poco que el pueblo de Chamartín de la Rosa se había visto obligado a unirse a Madrid), que se hallaba en la Avenida de los Toreros.
O bien nos íbamos los tres a lo que ahora es el Parque de Berlín, donde nos tirábamos encima de un cartón desde las alturas del actual parque en Marcenado hasta donde ahora está el lago, o a cazar lagartijas.
Por cierto, recuerdo al hilo de esto de las lagartijas que, una vez, en vez de tirarnos por esa cuesta hacia el lago actual nos dedicamos a cazar lagartijas. Vimos meterse una lagartija debajo de una piedra, y cercamos la piedra (pedrusco de pedernal) y Toñin la levantó y pillamos toda una camada: macho, hembra y crías. Orgulloso, Toñin puso las lagartijas en su mano y nos las enseñaba. Las lagartijas, al verse libre, empezaron a subir corriendo por su brazo derecho hacia arriba. Para pararlas, intentaba poner una mano por el brazo, pero claro, cuanto más hacía eso, mas corrian las lagartijas por su cuerpo, por lo que se le metieron dentro de la ropa. Toñin se fue quitando la ropa, hasta que tuvimos que hacerle corro y rodearle porque las lagartijas se le habían introducido por la goma del calzoncillo, y estaban justo debajo de sus cojones, sin poder salir de allí debido a lo ajustado de la pernera del calzoncillo. Con mucho cuidado, entre varios le bajamos a Toñin el calzoncillo, y su hermano Miguel Angel pilló con un manotazo en los cojones a las putas lagartijas. No sé quien lo pasó peor. si las lagartijas huyendo de nuestros manotazos, o el pobre Toñin al tener allí esos bichos y recibir de su hermano un manotazo en los cojones...
O bien nos íbamos a echar unos pitillos (que habíamos robado a nuestros padres o, en mi caso, a mis hermanos mayores), en las ruinas de un caserón que había a los pies donde ahora está el parque infantil. Allí también hacíamos competiciones de ver quien meaba más alto, o quien meaba más lejos, o ver quien la tenía más larga, y a masturbarnos juntos, o unos a otros.
Recuerdo que en la esquina de Vinaróz con García Luna había alguna especie de taller de algún tipo, con un árbol de morera en el centro de un patio, con una puerta que tenía una puerta de hierro como una verja, y mi amigo Toñin y yo entrábamos corriendo al árbol para coger hojas de morera para los gusanos de seda que teníamos en una caja de zapatos. Los que allí trabajaban, de vez en cuando, hacían como que no nos veían y nos dejaban coger hojas, Si éramos muchos, ya hacían como que nos habían visto y nos echaban de allí...hasta que volvíamos a repetir la escena.
Recuerdo bien que, enfrente del Cine López de Hoyos, casi enfrente de las taquillas, y al lado de un puesto de la ONCE, había un kiosco de chucherías, que llevaba una vecina mía, la Señora Luz, cuyo hijo trabajaba en una zapatería enfrente de la Farmacia Cantón, en una casa antigüa, al lado de kAPY, la tienda de electrodomésticos enfrente de Cantón y al lado de la Óptica cuyo nombre no recuerdo. Recuerdo que, según parece, la Señora Luz falleció porque cayó no se si un poste o un árbol encima del Kiosco estando ella dentro...¡¡Cuantas veces habré ido al cine Lopez de Hoyos, haciendo cola, y comprándole a ella palolú, chicles Bazooka, etc, y rogarle que no se lo dijera a mi madre (¿ya dije que ella y nosotros vivíamos su puerta enfrente de la mía en Mantuano 34, nosotros en el 3º Interior Izquierda, y ella en el 3º Interior Derecha?), ya que mi madre no quería que tomáramos demasiadas golosinas...!!
Recuerdo que, cuando era pequeño, para explicar la lluvia, algún familiar me dijo que era que los ángeles hacían pis. Imaginar que era meado, aunque fuera por angelitos sonrosados, no fue algo que me gustara, por lo que debe ser por eso que nunca me ha gustado mucho la lluvia...
También, recuerdo la primera vez que vi un chicle (que acababan de introducir en España los americanos) el BAZOOKA: al preguntar qué era, me dijeron que eran mocos de viejo...
Recuerdo también el Puesto Verde que había al final de la calle Mantuano en el cruce con Pradillo, donde comprábamos las cosas que no queríamos que la Señora Luz le contara a mi madre que comprábamos.
Recuerdo que en la esquina de Mantuano con García Luna, en una esquina había una casa baja rodeada de terreno y, en la acera de enfrente, estaba la Pollería del Señor Pío, donde ahora hay una peluquería que llevan sudamericanas y, un poco más arriba, en el número 20 o el 22, estaban Calzados Penalva, al lado del único hotelito que queda en Mantuano.
Justo enfrente de la calle Pechuán, en Vinaróz, había una casa baja en la que vivían dos ancianas que tenían un colegio, al que llamábamos entonces "EL COLEGIO DE LOS CAGONES". Allí estuve un par de años, hasta que mis padres me cambiaron al Colegio José Antonio, en la calle de Matilde Díez. Me acuerdo del director, D. Acisclo, de su hijo, D.Angel (que parecía tener un oído especial, pues oía cualquier cosa que decíamos, por bajo y lejos que estuviéramos de él), de D. Francisco (que tenía un hijo sacerdote en la Iglesia de la Asunción en Ramón y Cajal), de D. Pedro, el portero del Colegio...de cantar allí el Cara al Sol, el Prietas las Filas, el Oriamendi, el Himno de la Legión, la letra que puso Pemán al himno NAZIonal o Marcha Real al entrar al colegio, al salir de clase para ir al recreo, al entrar del recreo, al salir del cole...una vida cantando, por favor...
Recuerdo que, en Eugenio Salazar, casi llegando a Lopez de Hoyos, en las casas bajas que aún existen allí, había una tienda donde intercambíabamos tebeos por un precio que no recuerdo. DDT, TIO VIVO, HAZAÑAS BÉLICAS, ROBERTO ALCÁZAR Y PEDRÍN, EL JABATO, EL CAPITÁN TRUENO...de todo encontrabas allí.
Recuerdo la sirena de Abelló, cuya sirena regía la vida del barrio, avisando de cuándo los hombres entraban o salían del trabajo, y cuya chimenea se elevaba orgullosa como un torreón imponente.
De vez en cuando, iba al mercado a hacerle los recados a mi madre con 12 años, y me decía los puestos a los que tenía que ir, con el dinero en una mano, y la lista de la compra en otra: Las de los puestos a los que iba eran amigas de mi madre, por lo que cuando iba a la compra me ponían lo mejor que tenían de los productos. Hace poco volví, en plan nostálgico, a darme una vuelta por el mercado, visité esos puestos, y se encontraban cerrados.
A los 12-13 años (no recuerdo bien), como salì del cole para ayudar en casa a mi madre, por las tardes me iba a una Biblioteca Municipal que había en Marcenado casi esquina con Lopez de Hoyos, donde me leí todo lo que cayó en mis manos...
En fin, recuerdos y más recuerdos, de una infancia en la que nos entreteníamos con poco porque la cosa no daba más de sí, pero que yo creo que fue felìz aunque entonces no lo pareciera tanto.

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