De nuevo, disculpas. Un besazo enorme.
Tomás
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CAPITULO V
Ø
JEREZ DE LA FRONTERA.
Dejamos,
pues, a esta parte de la familia en Madrid, reponiéndose a muy duras penas de
la Guerra Civil lo mejor que pueden e intentando sobrevivir, y volamos hacia
Jeréz de la Frontera, provincia de Cádiz, a 597 kilómetros por carretera de la
Capital de España, pues Jeréz de la Frontera, o sencillamente Jeréz, es nuestro
otro escenario principal, donde encontraremos a la otra rama de la familia que
está destinada a unirse con la de Tomás y Edelmira.
En
los años 40, Jeréz es una de las mayores urbes de Andalucía, con una vitalidad
superior incluso a la de la propia capital provincial (Cádiz) que ha ido
creciendo desde los 68.473 habitantes en
1900, hasta los 89.525 habitantes
que tiene en aquellos años posteriores a la Guerra Civil. Por motivos de
trabajo, hasta allí se desplaza en aquellos años José, ya con 25 años, que
ya trabaja en la construcción. Y allí conoce a quien será su esposa, María de los Ángeles Pastrana Delgado,
de 20 años, nacida el 20 de Febrero de 1925, con un carácter
extrovertido y dicharachero, decidida, avanzada a su época, siempre con una
sonrisa o un chiste gracioso en los labios, hija de Francisco de Paula Gregorio Pastrana Sánchez, nacido el 17 de Noviembre de 1882, que fallecería
a los 51 años en 1932 después de 16 años de matrimonio, y cuyos padres eran Juan Manuel Pastrana Cala y Antonia Sánchez Barba, todos ellos
naturales de Jeréz, cuyos otros hijos se llamaban:
·
Antonio
(luego casado con Margarita)
·
José
(luego casado con María Virtudes)
·
Luis
(luego casado con Mercedes)
·
Francisco (el padre de María de los
Ángeles)
·
María,
quien murió soltera.
·
Manuel
(casado con María Dolores)
·
Federico
(en familia, llamado Quico).
Juan Manuel
era propietario de una tonelería, una persona habilísima en los trabajos con la
madera, de forma que muchos de los juguetes en madera que tenían sus hij@s
estaban hecho por él, con unos detalles tan pequeños y perfectos, que llamaban
la atención. Vivían en la calle Bizcocheros, en uno de los caserones de esa
calle. El único problema que tenía era que le perdía el alcohol. Hay una historia
curiosa al respecto, que indica lo que le gustaba beber.
Cuentan
que en aquellos tiempos la colonia se solía confeccionar en casa. En enormes
frascas de cristal con alcohol se metia el azahar, el romero, el jazmin,
etc…con el que luego, a través de un proceso manual, se confeccionaba la
colonia que usaban la familia, y eso se dejaba en una habitación de la casa, de
las muchas que tenía. Para forzarle a dejar el alcohol, le encerraron en esa habitación.
Cuando iban a llevarle la comida, le encontraban siempre bebido. Teniendo en
cuenta que no se le introducía bebida alguna, la familia no encontraba
explicación…hasta que vieron que se estaba bebiendo el alcohol de las frascas
en que se conservaban las plantas que luego se convertirían en colonia.
De
Federico se sabía que era
homosexual, lo que la familia llevaba con toda la discreción posible en una
localidad del tamaño de Jerez en aquella época. Aunque no era el único
homosexual en el entorno familiar, y algún@ de los miembros de la generación
siguiente también lo eran, sí era el único que lo era públicamente. Pero no
vamos a sacar del armario a personas que ya no están entre nosotr@s, por lo que
nos centraremos en Quico, quien, como vivía con su hermana soltera (que
aceptaba su homosexualidad, y era la única que le aceptaba, pues no tenía
entrada libre en casa de sus demás hermanos), cuando venía el peluquero a
domicilio a afeitarle y cortarle el pelo, su hermana se iba al parque cercano,
o a dar un paseo. Cuando veían pasar al peluquero, o estimaban que ya estarían
ambos visibles, sabía que ya se podía volver a casa. Pues ese peluquero
(casado, con hijos, del que se sabe el nombre, pero que no es importante para
la historia que contamos) era el novio de Federico, quien era capaz de servir
24 copas a la vez con las dos manos. Federico falleció de un cáncer de páncreas
a comienzos de la década de los 50 del Siglo XX.
No
se pregonaba ni se enorgullecía uno de tener un hermano o cuñado homosexual, pues
estaba condenado por la Iglesia y por la legislación, pero sobre todo por la
Iglesia, que era la que inspiraba toda la legislación del Estado. Como vemos,
la homosexualidad en la familia es algo más que una anécdota…En cada generación
siempre ha habido varios hasta el día de hoy, gracias a Dios, representando
también en eso a la media de la sociedad española.
La
madre de su novia y luego esposa, María
de la Trinidad Delgado Jiménez, hija a su vez de Manuel Delgado Castilla y de María
Jiménez Sánchez, cuyos hermanos eran:
·
Alfonso,
(casado con Catalina)
·
Josefa
(casada con Agustín)
·
Miguel
·
Rafael
·
Y María Trinidad (madre de María de los Ángeles)
Uno de los hermanos de la Abuela
María emigró en su momento a la República
Argentina, estableciéndose en la ciudad de Rosario de Santa Fe, donde se establecieron y aún hoy existe la
rama argentina de la familia Delgado en su rama de Jeréz. El tío Juan, hermano de María de los Ángeles, tenía en su propiedad
un intercambio epistolar con la rama argentina de la familia, en las que se
daba noticia cabal de toda la familia argentina y de sus aconteceres, y gracias
a la cual, aún ahora, se podría retomar de nuevo el contacto con ellos si se
deseara hacerlo.
Como
curiosidad, a la abuela María nunca, que se sepa, se la llamó María Trinidad, y
se la llamaba, simplemente, María. Ella decía que eso de “Trini”, o “La Trini”,
era nombre de puta, y ella era una mujer muy decente. Indicar que no sabemos
mucho del carácter del Abuelo Paco, pero de la Abuela María, indicar que era
una mujer “de rompe y rasga”, con un
carácter extrovertido y dicharachero, que le hacía ganar amistades para toda la
vida en segundos.
Se
comenta que, comenzada la Guerra Civil, la Abuela María escondió en su casa a
18 monjas, vestidas de calle, pero de negro. Mientras estaban las monjas
rezando sus oraciones llegaron un día miembros de la Cheka local quienes, al
ver rezando a esas mujeres le dijeron a la Abuela María: “Oiga, esas mujeres que parece que están rezando… ¿No serán monjas?”
A lo que la Abuela María, con su desparpajo habitual, respondió que “¿Monjas? ¡¡Que va!! Es que son familia y
se le ha muerto a una de ellas el marido, y le están llorando”. Es
previsible que el chekista no la creyera en absoluto, pero la dejó en paz
porque le hicieran gracia el desparpajo y el descaro de la Abuela María.
Que,
según comentan fuentes familiares de conocida solvencia, la Abuela María se
cambiaba de domicilio por las noches casi cada mes, cargando en un carro
alquilado todos sus muebles y sus cosas, con sus hijos a cuestas, porque no
consideraba justo pagar un alquiler. Y que, de hecho, cuando su hijo Juan se
hizo novio de Rafaela, la que luego sería su esposa, se fue a vivir a una casa
que la alquiló su consuegra, la Abuela Luisa. A la Abuela María nunca la gustó
su nuera Rafaela, por lo cual, cuando su consuegra se dirigió a ella y le dijo:
“Oye, María, que hace meses que no me
pagas el alquiler”…respondió la Abuela María: “Y nunca tu pagaré ni un real. Porque tu hija me ha robado a mi hijo, y
mi hijo vale mucho más que tu hija. Y para compensarlo, es que no te voy a
pagar nunca” (o frase parecida a
esta), por lo que siguió viviendo en esa casa todo el tiempo que quiso sin
pagar nunca un real.
En
la misma línea de no pagar, se cuenta que, por lo menos en una ocasión, al
acercarse la Feria de Jerez, la Abuela María alquiló una carreta para que
llevara a toda la familia a la Feria. Llegó el carretero con la carreta, llevó
a toda la familia a la Feria y, al bajarse,
le dijo que a tal hora estuviera en tal punto para recogerlos a todos y
llevarles de vuelta a su casa, y así hizo el carretero: volvió al lugar y la
hora indicados, recogió a toda la familia, y les llevó a casa. Al decirle el
carretero que le pagara, la Abuela María le dijo que es que, en ese momento no
tenía suficiente dinero encima, pero volviera al día siguiente para pagarle.
Como es natural, el pobre hombre jamás cobró...,
También,
sin embargo, era generosa: cuando sus hijos venían de la mili, se traían sacos
de 70 kilos de lentejas, garbanzos, alubias…etc., para alimentar a toda la
familia. Sin haber siquiera acabado el mes, decía a sus hijos que ya no tenía
casi nada de ese saco, por lo que a la pregunta de sus hijos de cómo era
posible que, en tan pocos días, se hubieran acabado sacos enteros de legumbres
de 70 kilos cada uno, ella respondía que lo había dado sin medida a otras
familias más pobres que no tenían que comer.
Que
tocaba perfectamente el piano, y que era una mujer morena y muy guapa, con una
personalidad desbordante y apabullante, siempre con una sonrisa o un chiste
gracioso en los labios... Personalidad que transmitió a la mayoría de sus hijos
e hijas. Y que cuando tenía miedo, y estaba sola en casa, empezaba a decir a
voz en grito, por la casa, toda una larga lista de nombres masculinos, como si
fueran sus hijos y estuvieran en casa para defenderla, y ahuyentar a los
posibles intrusos.
Francisco
y María, como los vamos a llamar a
partir de ahora, y como se hacían llamar ellos mismos, tuvieron los siguientes
hijos:
·
Francisco
(que se casaría con Ana Rubio)
·
Juan
Luis (que se casaría con Rafaela
Ruiz)
·
Miguel
(que se casaría con Juana
Pérez)
·
María
Josefa (o Mari Pepa, que se metería a monja, a pesar de tener un
carácter muy fuerte…o precisamente por eso, y cuyas anécdotas referidas a su
carácter son legión en la familia, al punto que sus hermanos decían a los otros
niños que, si les pegaban, se chivarían a su hermana Mari Pepa, amenaza que
solía funcionar, pues menuda era Mari Pepa para dejar que a sus hermanos los
pegaran…)
·
Manuel
·
Margarita
·
María de los Ángeles (que se casaría con José, hijo de Tomás y Edelmira)
La
Abuela María fue a vivir a Madrid con su hija Ángeles y su yerno José pues ya
había fallecido tiempo antes la Abuela Edelmira, madre de José, y dado su
estado de salud, y su mala relación con su nuera Rafaela, con la que vivía al
vivir con su hijo Juan, Ángeles y José se la trajeron a Madrid con ellos. A los
más o menos tres meses de llegar a Madrid, alrededor de 1948, la Abuela María
fallecía.
José
había ido a Jeréz para realizar algunas obras en una bodega, mandado por la
empresa en que trabajaba, y allí conoció a la que luego sería su mujer y madre
de todos nosotros: María de los Ángeles.
En
Jeréz, pues, se conocen, se enamoran y se casan un 10 de Junio de 1945, en la Iglesia
de San Miguel, parroquia de la novia, José
y María de los Ángeles.

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